DOVE MEN+CARE
Hombres más flexibles, familieros y conectados con sus emociones, que cuidan su apariencia y resignifican la idea de “potencia”.
La nueva masculinidad
Los hombres están cambiando. Las transformaciones sociales y culturales impactan de lleno sobre ellos. Y hacen emerger una nueva masculinidad, con rasgos bien marcados y diferentes, en muchos casos, a los que tradicionalmente se asociaban al género.
¿Cuáles son esos rasgos? ¿Por dónde pasan las claves del cambio? Dove, en el marco del lanzamiento de su línea de cuidado personal Men+Care, se propuso explorar el fenómeno.
Un cambio de paradigma
No hay un solo modelo de masculinidad. Pero hay, sí, prácticas, tendencias y valores predominantes, que —lejos de permanecer estáticos—, varían según la época y el lugar. Mediante la investigación desarrollada por Trendsity Potencia y Cuidado: Comprendiendo las significaciones actuales en los hombres de la región, Dove rastreó las motivaciones y aspiraciones que identifican al hombre actual en la Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay.
El estudio parte de una premisa: el ejercicio de la masculinidad va más allá de lo biológico. Implica una construcción cultural, basada en roles e imaginarios sociales relativamente estables, pero que evolucionan junto con las condiciones de producción y consumo de cada época.
Esas condiciones sufrieron un quiebre en las últimas tres décadas. Profundos cambios en la organización del trabajo alteraron la estructura de la función social masculina. “A partir de los ’80, aquello que se creía propio de los hombres se empieza a diluir. Hasta ese momento el hombre era proveedor con contrato indefinido, y esto permitía que la mujer criara los hijos”, explica el sociólogo chileno José Olavarría, especialista en estudios sobre masculinidad en América Latina. Entre otras publicaciones, es autor deVarones entre lo público y la intimidad(FLACSO, Santiago de Chile, 2004).
Claro que el cambio no se da de un día para otro. Todavía permanecen resabios del viejo paradigma. Pero queda claro que los hombres ya no se erigen como únicos proveedores en la casa. Y comienzan, en consecuencia, a preocuparse más por ellos mismos, por su estética y su bienestar. La transformación, aunque gradual, está en marcha.
Radiografía de la masculinidad emergente
Otro de los rasgos que definen a la masculinidad emergente es la multiplicidad de formas que adquiere. Hoy, sostiene el psicólogo Eduardo Gosende,investigador de masculinidades y género, “hay maneras muy diferentes de ser masculino. No hay una exigencia normativa tan fuerte como había antes; el orden de género empieza a tener menos rigidez” y se perciben “límites más flexibles entre los géneros”.
Aquellas fronteras, antes rígidas y bien demarcadas, se vuelven difusas y lábiles. Los propios hombres lo reconocen: el 73% coincide con la idea de que hoy en día hay un “nuevo hombre”. Uno que —tal como revela el estudio de TNS Gallup— no se avergüenza de querer cuidarse y verse bien; se involucra activamente en la crianza de sus hijos; colabora con las tareas domésticas; muestra más sus emociones y pone a la familia en por encima de todo.
Los roles del varón y la mujer dejan, así, de ser opuestos. Las prioridades tienden a correr su foco. El panorama se vuelve complejo, diverso y plural: ya no existe un patrón único a seguir.
Ser potente ya no es lo que era…
Lejos de las connotaciones negativas que lo asocian con la violencia física, y también de aquellas visiones simplistas que lo circunscriben la capacidad sexual, el concepto de potencia en el hombre está adquiriendo nuevas significaciones.
Para comprender esas significaciones, hay que remontarse al pasado reciente. Hace algunos años, la aparición de la categoría de “metrosexual” tuvo como respuesta el surgimiento de una antagónica: la del “retrosexual”, aquel varón que protesta por la pérdida de los supuestos atributos esenciales de la masculinidad (fuerza, virilidad, falta de estética, poca sensibilidad) y hace gala de ellos. Ambos modelos —metro y retrosexual— seguían girando alrededor de la figura del típico “macho”, ya sea reivindicándola u oponiéndose a ella.
Hoy, en cambio, la masculinidad emergente no hunde sus raíces en esquemas previos ya obsoletos, sino que expresa fenómenos de época y valores específicos de nuestro tiempo. A partir de ellos, esboza sus propias definiciones de lo “potente”.
Entre los atributos que definen a un hombre potente, los entrevistados mencionaron, con relación a su vida personal, el cuidado de la familia y el hecho de involucrarse activamente en la crianza de los hijos. En la esfera profesional, destacaron las perspectivas de desarrollo y el ser artífices del propio destino. En cuanto a lo físico, los atributos privilegiados resultaron el estado de salud, la habilidad deportiva y la fuerza.
Todas esas respuestas tienen algo en común. Y pueden traducirse en un perfil bien definido: el actual hombre potente sería aquel que deja una marca por donde transita, una impronta que lo vuelve singular para las personas con las que interactúa. El autoconocimiento de las propias capacidades, la flexibilidad y la tranquilidad respecto de las decisiones tomadas aparecen como nuevas dimensiones del concepto, que ya no connota imposición, rudeza física o brusquedad ni se mide desde parámetros cuantitativos de éxito.
Así, la potencia se redefine como “poder bien administrado” o “fuerza eficaz”: un recurso que colabora con el estar bien parado en la vida, de manera satisfactoria y gratificante.
En resumen
·Las transformaciones socioculturales hacen emerger una nueva masculinidad.
·El 77% de los hombres coincide en que hoy hay un “nuevo hombre”, flexible y seguro de sí mismo, queno tiene vergüenza de cuidarse y querer verse bien, reivindica la importancia de la familia y se conecta más con sus emociones.
·El concepto de “potencia” empieza adquirir nuevas significaciones, alejadas del paradigma tradicional. Lapotencia se redefine como “poder bien administrado”. Hoy, ser potente es cuidar a la familia, involucrarse en la crianza de los hijos, alcanzar un equilibrio entre vida personal y profesional y poder alcanzar las propias expectativas.
·La idea de que el descuido personal es parte del “deber ser” masculino tiende a derrumbarse: 7 de cada 10 hombres consideran importante cuidar su apariencia.
·El hombre empieza a percibir a su cuerpo como superficie de contacto,expresión, placer e intercambio. Y entiende que, para poder cuidar a quienes ama, debe comenzar por cuidarse a sí mismo desde una perspectiva integral.
·El crecimiento de la categoría de cosmética masculina es consecuencia de estos fenómenos. Hoy en día, a los hombres los gratifica el hecho de cuidarse y verse bien, sin que ello resulte una amenaza a su virilidad.
·Los hombres que encarnan el perfil de esta masculinidad emergente consideran que, ante todo, necesitan potencia para cuidar de su familia y de sí mismos.
Aquellos hombres que consiguen articular con armonía ambos conceptos —potencia y cuidado— resignificados, ganan en asertividad y viven de manera más plena e íntegra.

